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¿Cuántos derechos tiene el hombre?

23-09-2016

No todas las aspiraciones y deseos humanos son derechos del hombre. Los populistas (demagogos) a lo largo de la historia han engañado a las sociedades ofreciendo cumplir con toda clase de aspiraciones del ser humano, olvidando que no existen derechos sin responsabilidades y nunca dejan claro quién debe asumir la obligación de cumplir estas aspiraciones.


El Liberalismo, al contrario, establece una estructura básica de derechos universales y que considera las necesarias para lograr la ansiada armonía humana, y ser capaz de que se consiga voluntariamente.

El primer derecho que defiende el Liberalismo es el derecho a la vida, de existir y decidir vivir libremente sus acciones, siempre y cuando no violenten el mismo derecho en sus semejantes. Postula que ninguna persona es posesión de otra persona, ni del estado, ni de un grupo o alguna institución.

El hombre es libre y responsable de cuidar su libertad y la de sus semejantes y de creer o no creer en cualquier religión o credo.

Pero para garantizar la plena libertad a la que se aspira, los liberales observan de las experiencias históricas que no puede haber plena libertad si las personas no pueden disponer amplia y soberanamente de recursos que se hayan procurado lícitamente de acuerdo a sus habilidades o que otras personas voluntariamente se las hayan cedido, para conseguir los fines que ella haya determinado que le pueden producir su felicidad y su libertad, por lo cual defiende el derecho de las personas a poseer recursos que le son propios, sin que puedan ser arrebatados ya sea por individuos o por decisiones “soberanas” de un estado poderoso.

Este es pues el segundo derecho que defiende, el Derecho de Propiedad, que así como su cuerpo físico o su vida son la primera propiedad, de la misma manera tiene derecho a que se le reconozca poseedora de bienes, recursos y derechos que solo a él le pertenecen, para que su libertad pueda ser ejercida.

De hecho, la definición de un esclavo es la de un ser que no posee nada y es por esa condición impuesta a la fuerza que no disfruta en absoluto de ejercer su libertad, muy diferente a la de una persona de escasos recursos que por lo menos potencialmente puede encontrar vías para salir de su pobreza dentro de una sociedad libre.

Lamentablemente sabemos que en nuestras sociedades no todas las personas están dispuestas a respetar la vida y los recursos privados de sus semejantes, ya sean individuos, grupos o instituciones humanas como los estados, por lo que los liberales entienden la necesidad de proteger esos derechos, de exigir y conseguir que sean protegidos, y es allí donde surge la necesidad de crear mecanismos que garanticen tanto la protección de la vida de las personas como de sus propiedades.

Es entonces donde las sociedades libres encomiendan por mandato tanto al estado o a otras instituciones, de ser los ejecutores legales de la coacción contra los individuos que atentan contra los derechos a la vida, a la libertad y el derecho de las personas a poseer su propio patrimonio Es pues un tercer derecho, que el estado o las instituciones, por mandato de ciudadanos libres, garanticen la protección de los ciudadanos y de sus posesiones.

Un cuarto derecho en que creemos los liberales es que todos debemos ser iguales ante la ley. No creemos lo que los populistas prometen sobre la necesidad de igualarnos a todos en lo económico por dos razones: No es posible hacerlo porque nacemos con habilidades y competencias desiguales que nos hacen diferentes a la hora de aprovechar oportunidades y la práctica de tratar de igualar en el sentido económico solo produce hacernos a todos similarmente pobres, algo que no debe ser deseado racionalmente.

Todos debemos ser tratados ante la ley de la misma manera, eso sí, una justicia imparcial, que no favorezca a unos solo por pertenecer a determinada clase o grupo.

La justicia no debe vacilar en castigar los delitos por igual de personas económicamente poderosas o de personas de escasos recursos, si el delito es el mismo. (`No harás injusticia en el juicio; no favorecerás al pobre ni complacerás al rico, sino que con justicia juzgarás a tu prójimo. LEVÍTICO 19:15).

Por último, podríamos hablar de un quinto derecho, aunque es más una observación de algo que funciona en la práctica mejor y que es más justo y trae mejores beneficios a la sociedad, y es la Libertad Económica, o sea, el derecho de las personas a practicar libremente, y solo por acuerdos basados en un interés mutuo, la libertad de negociar sin la intervención de agentes externos a los interesados que obligue y regule esas transacciones que surgen entre productores y consumidores.

Entendemos que en una economía de libre mercado (no intervención estatal) los verdaderos reguladores son los consumidores, quienes de acuerdo a sus decisiones libres sobre que comprar o que no comprar emiten señales a los productores sobre la conveniencia o no de qué producir.

La libre y abundante competencia entre los productores en el mercado es la garantía para los consumidores de poder acceder a los mejores bienes y a los mejores precios. Es si se quiere, una “dictadura” de los consumidores, quienes verdaderamente mandan en el mercado.

En conclusión, el Liberalismo contempla que el énfasis en la defensa de los derechos del INDIVIDUO es superior a la defensa de los “derechos” de algunos grupos privilegiados, por lo que se opone al colectivismo, se opone a dividir a la sociedad en grupos o clases.

El privilegio en la historia otorgado a determinados grupos como lo fue en otros tiempos privilegiando al clero y a la nobleza o privilegiando a los proletarios solo trajo a la humanidad sufrimiento, pobreza y falta de verdadera libertad.
 
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Autor

OCTAVIO FLORES MONTAGNE

Lic. Contaduría Publica. Especialista en Derecho Tributario en Universidad Santa María. Ex jefe de administracion de prensa del Gobierno de Carabobo. Profesor de contabilidad y costos. Actualmente es jefe de Western Chemical en Contabilidad General. Formador del partido Vente Venezuela.